Una vez fuera de la casa Gonzalo decidió tomarse unas vacaciones en el paraíso de su bestia. Después de una larga travesía llegó a su destino, en las profundidades del Averno se creyó a salvo de todo ruido,murmullo, susurro, grito gallego terrenal pero lo que nunca imaginó es que aquella diablesa de Tasmania cumpliría su promesa...
Donde dije digo ahora digo Gonzalo, ah, no, que era Diego. Pues bien, por petición popular y, bajo amenaza por parte de algunos/as de chute de regaliz rojo directamente a mis venas me veo obligada a retomar los montajillos de los personajillos.
Salud para vos, ya pueden bajar los regalices.