sábado, 28 de noviembre de 2009

El significado de la palabra "cojones"

por Arturo Pérez Reverte


Ahora me explico las quejas de los extranjeros por sus dificultades con nuestras acepciones. Un ejemplo de la riqueza del lenguaje castellano es el número y acepciones de una simple palabra, como puede ser la muy conocida y frecuentemente utilizada referencia a los atributos masculinos "cojones".

Si va acompañada de un numeral, tiene significados distintos según el número utilizado. Así, "uno" significa "caro o costoso" (valía un cojón), "dos" significa "valentía" (tiene dos cojones), "tres" significa "desprecio "(me importa tres cojones), un número muy grande más "par" significa "dificultad " (lograrlo me costó mil pares de cojones).
El verbo cambia el significado. "Tener" indica "valentía" (aquella persona tiene cojones), aunque con signos exclamativos puede significa "sorpresa" (¡tiene cojones!); "poner" expresa un reto, especialmente si se pone en algunos lugares (puso los cojones encima de la mesa). También se los utiliza para apostar (me corto los cojones), o para amenazar (te corto los cojones).

El tiempo del verbo utilizado cambia el significado de la frase. Así el presente indica "molestia o hastio" (me toca los cojones), el reflexivo significa "vagancia" (se tocaba los cojones), pero el imperativo significa "sorpresa" (¡tócate los cojones!).
Los prefijos y sufijos modulan su significado: "a-" expresa "miedo "(acojonado), "des-" significa "cansancio" (descojonado), -udo" indica "perfección" (cojonudo), y "-azo" se refiere a la indolencia o abulia"(cojonazo).

Las preposiciones matizan la expresión. "De" significa "éxito" (me salió de cojones) o "cantidad" (hacía un frío de cojones), "por" expresa "voluntariedad" (lo haré por cojones), "hasta" expresa "límite de aguante " (estoy hasta los cojones), "con" indica "valor" (era un hombre con cojones) y "sin", "cobardía" (era un hombre sin cojones).
Es distinto el color, la forma, la simple tersura o el tamaño. El color violeta expresa "frío" (se me quedaron los cojones morados), la forma," cansancio" (tenía los cojones cuadrados), pero el desgaste implica "experiencia" (tenía los cojones pelados de tanto repetirlo).

Es importante el tamaño y la posición (tiene dos cojones grandes y bien plantados); sin embargo hay un tamaño máximo (tiene los cojones como los del caballo de Espartero) que no puede superarse, porque entonces indica "torpeza o vagancia" (le cuelgan, se los pisa, se sienta sobre ellos, e incluso necesita una carretilla para llevarlos).
La interjección "¡cojones!" significa "sorpresa", y cuando uno se halla perplejo los solicita (manda cojones!).
En ese lugar reside la voluntad y de allí surgen las órdenes (me sale de los cojones).
En resumen, será difícil encontrar una palabra, en castellano o en otros idiomas, con mayor número de acepciones.

jueves, 26 de noviembre de 2009

Abrázame mañana en Jerusalén

Vengo, con un día de retraso por cositas de mister blogger, en compañía de las palabras de un poeta hebreo, Yehuda Amijai, perteneciente a la llamada Generación del Estado (años 50): Poesía de inspiración occidental, individualista, antisentimental e irónica.Martín López Vega, señala refiriéndose al poeta: Como para Chateaubriand, para Amijai cada día es un adiós; un adiós a las cosas que se llevó el día de hoy -que es el de ayer-, a las que seguramente no traerá el mañana. Dicen dos versos suyos: "La mayor parte de nuestra vida son elegías por lo que hubo / y lamentos por lo que no habrá".


Estábamos acostados
desnudos e iguales como las mitades de una naranja
hasta que la tarde
oscureció por tu voz.

Las aguas pueden ser lloradas,
las piedras no: por eso vuelvo a Jerusalem.
‘¡Extrañaré!’ dijiste.
¿Quién te habrá enseñado a pronunciar
una palabra tan grosera
.

Israel, ha sido siempre y para siempre y por siempre, uno de los lugares que mayor magnetismo ejerce sobre esta curiosa e inquieta amante de las mariposas azules (desconozco por qué lo saben por ahí), os invito a descubrirnos juntos paseando por sus calles.(Clic sobre la imagen)


Tal vez sea este día, tal vez...

Y DESPUÉS DE TODO AQUELLO, LA LLUVIA.

Y después de todo aquello, la lluvia.
Cuando ya sabíamos leer en el libro de la permanencia
y en el libro de la separación,
cuando ya conocían nuestros cabellos todos los vientos
y nuestras dulces horas, libres,
corren entrenadas por todas partes
en el estadio del tiempo.

Y después de todo aquello, la lluvia.
Un mar grande y salado
viene a nosotros, tartamudeando
con dulces y pesadas gotas.

Y después de todo aquello, la lluvia.
Mira, también nosotros, como ella,
llovemos juntos
a la que nos recibe y no recuerda,
a la tierra primaveral…


La dedicatoria está escondida entre sus versos, si eres la persona destinataria sabrás encontrarte en ella. Sed, o no sed pero bebed agua, es bueno para la hidratación de...


lunes, 23 de noviembre de 2009

Y déjame seguir modelando en el viento mientras miro al cielo


Ayer leí palabras que por momentos parecían entrar en barrena de bucles redundantes y cuasi infinitos; Y es que YO soy un poco tonta, lo comprendo aún así esas sílabas ensartadas resonaron instantes hasta desdibujarse en palabras de otros. Ese otro, es Celso Emilio Ferreiro y su ORACIÓN POR LOS TONTOS.


Señor Dios ten piedad de los pobres tontos

que no sabemos nada de geometría

y embobados en la música celeste

olvidamos la fórmula

del binomio de Newton.

Vamos andando a trancas y barrancas,

aprendiendo las cosas tristemente

por el mundo adelante que tú hiciste

en sólo siete días, según los libros.


Yo soy un poco tonto, lo comprendo.

nunca pude saber para qué sirven

muchas cosas oscuras que consientes.

Humildemente quería preguntarte

preguntas diminutas como cuarzos

acerca de los grillos que cantan incansables

y los amores de los peces,

pero siempre llegan unos hombres

cargados de textos

y de mamotretos grises sapientísimos,

con fechas rigurosas, datos ciertos,

horriblemente ciertos, asfixiantes.

Pero nadie me hablaba de los pájaros,

De los renacuajos, de las flores y de esas nubes

Que posaste, Señor, sobre mi techo.

Perdóname, Señor, tanta tontería

y ten piedad de nosotros, de los pobres tontos

que recorremos el camino de las estrellas

con los ojos encendidos

en la tibia embriaguez de las fábulas.

Y cuando llegue la hora del Juicio

llévame a tu vera con los niños,

con los santos inocentes, con los viejitos,

y déjame seguir mirando al cielo,

modelando en el viento dulces sueños,

como tú haces, Señor, desde el principio.


Se lo dedico al viento que me trajo sus palabras cuando nacía el día. Sean felices.

Fotografía: Stefano Bonazzi
The last day on earth - Part VI