Cuando era una pequeñuja que no daba paso sin ayuda había un gallo capón que me traía mártir. Allá donde me veía comenzaba a correr y a mover las alas hasta que lograba alcanzarme. Al principio casi siempre lograba su hazaña pero una vez la pequeñuela Mp aprendió a caminar solita salía corriendo tras el gallo para arrancarle las plumas por todos los picotazos coleccionados (no fueron tantos porque papá siempre zafaba al ca...ón) y el muy avispado salía corriendo nuevamente, esta vez amiguitos en dirección contraria. Por aquél entonces aún no le arrancaba ninguna linda pluma de la cola porque era más rápido y astuto que yo, pero llegó el día en que como bien dice el refrán donde las dan las toman y... toma plumas para la pequeñaja.
Así es como aprendí a correr antes que a andar a unos tempranos meses, gracias al señor gallus y sus picotazos. Bueno, al final nos hicimos amigos, un gallo listo sin duda.
Ya que va de gallos, os dejo el cuento de nunca acabar versión gallo capón en honor al gallus del vecino.
Foto:Google Images
Manipulación: MP
EL CUENTO DEL GALLO CAPÓN
Los que querían dormir, no por cansancio sino por nostalgia de los sueños, recurrieron a toda clase de métodos agotadores. Se reunían a conversar sin tregua, a repetirse durante horas y horas los mismos chistes, a complicar hasta los límites de la exasperación el cuento delgallo capón, que era un juego infinito en que el narrador preguntaba si querían que les contara el cuento del gallo capón, y cuando contestaban que sí, el narrador decía que no había pedido que dijeran que sí, sino que si querían que les contara el cuento del gallo capón, y cuando contestaban que no, el narrador decía que no les había pedido que dijeran que no, sino que si querían que les contara el cuento del gallo capón, y cuando se quedaban callados el narrador decía que no les había pedido que se quedaran callados, sino que si querían que les contara el cuento del gallo capón, y nadie podía irse, porque el narrador decía que no les había pedido que se fueran, sino que si querían que les contara el cuento del gallo capón, y así sucesivamente, en un círculo vicioso que se prolongaba por noches enteras.
Los que querían dormir, no por cansancio sino por nostalgia de los sueños, recurrieron a toda clase de métodos agotadores. Se reunían a conversar sin tregua, a repetirse durante horas y horas los mismos chistes, a complicar hasta los límites de la exasperación el cuento delgallo capón, que era un juego infinito en que el narrador preguntaba si querían que les contara el cuento del gallo capón, y cuando contestaban que sí, el narrador decía que no había pedido que dijeran que sí, sino que si querían que les contara el cuento del gallo capón, y cuando contestaban que no, el narrador decía que no les había pedido que dijeran que no, sino que si querían que les contara el cuento del gallo capón, y cuando se quedaban callados el narrador decía que no les había pedido que se quedaran callados, sino que si querían que les contara el cuento del gallo capón, y nadie podía irse, porque el narrador decía que no les había pedido que se fueran, sino que si querían que les contara el cuento del gallo capón, y así sucesivamente, en un círculo vicioso que se prolongaba por noches enteras.
GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ, Cien años de soledad
Posdata: De pequeña odiaba estos cuentos de nunca acabar y el más odiado era "Un elefante se balanceaba sobre la tela de una araña..." siempre decía: "otra vezzzz no" "vaaale, pero por favorrr no llaméis a más elefantessssssss que no vamos a llegar al final del cuento nunca y quiero saber cómo termina". Por eso aprendí a hablar también muy pronto XD, no soportaba que la tela de la araña aguantase tanto peso.







